Cómo sobrevivir a una rabieta

Viene cuando menos lo esperamos, puede pasar en casa o en la multitud, y de lo único que estamos seguros es que, en el momento de la rabieta, ¡te dan ganas de desaparecer! Aunque muchas personas asocian la ira con los malos modales, le puede pasar a cualquiera en diferentes circunstancias. A veces es la forma en que el niño muestra su irritación con un obstáculo creado por los padres; en otros, está relacionado únicamente con la frustración interna del niño, porque no puede hacer frente a un sentimiento, por ejemplo. Una cosa es segura: tendrás que prepararte para cuando llegue ese día o repetirlo.

Lo primero que hay que recordar es que de nada sirve pedir calma a los pequeños, si ni siquiera podemos mantener la calma. A menudo, un ataque de rabia se convierte en el detonante para nosotros y también estallamos. Pero por difícil que sea, trata de mantener la calma, le dará a tu hijo una mayor sensación de paz, además de ser una forma de demostrarle que las cosas se pueden resolver tranquilamente, no con gritos y peleas.

También es importante saber diferenciar el origen de la rabieta. A veces, el niño puede «poner a prueba sus límites», lo que significa que tratará de intentarlo hasta que se dé cuenta de lo lejos que puede llegar contigo. En este punto es aún más importante mantener la calma, pero sin dejar crecer la grieta, sé firme en tu postura y decisión.

Las rabietas provocadas por las frustraciones del niño contigo o las situaciones en las que está enfermo o cansado merecen más atención y cariño por parte de los padres. Y el cariño no soporta el enfado, al contrario, te baja a la altura del niño, abraza o mantiene la conexión entre ustedes y transmite una sensación de paz. Darse cuenta de que estás ahí para ella, ser empático con lo que está viviendo, ya es una señal importante de que las cosas irán bien y este puede ser el primer paso hacia un armisticio.

Una de las cosas más importantes en estos momentos de ataques de ira es mantener una buena comunicación no verbal. A veces nuestro gesto impacta más en los más pequeños que nuestras palabras. Entonces, si pateas sin parar, puedes decir con calma una sola frase: «Esperemos a calmarnos». Si estás en casa, puedes llevarla a su habitación oa un ambiente sin demasiada atención y pedirle que se calme y luego hable. Por mucho que quieras contrarrestar a tiempo, lo ideal es dejar que el clima se enfríe y se calme. ¡Y sucederá!

Si tiene otras técnicas o consejos que normalmente funcionan para su familia, ¡háganoslo saber!